Tres disparos
impactaron contra la chapa blindada, la torreta del vehículo se giró cara al
objetivo y abrió fuego, los que estábamos dentro ni lo pensamos, de automático
saltamos del vehículo montando el perímetro de despliegue estándar, disparando
y calculando la munición bajo la orden de nuestro sargento, eran demasiados, jamás
creería poder imaginar que un visor tendría tanta calidad, vi sus caras desde
el otro lado a metros de distancia, respira, aguanta, calcula, dispara… El
primer blanco cayó fulminado de rodillas, impacto directo en el pecho, como me habían
entrenado, segundo a la cabeza, tras el visor pude ver como su alma se desvanecía
en aquellos ojos, el yermo baldío comparable con el infierno se empezó a teñir
de rojo. En cuanto mire a mi izquierda vi como un tiro certero tumbaba a mi
compañero de sangre y sudor, en el cuello directo y sin temor, rodé sobre mi lo
agarre como pude y lo puse bajo cubierto, solo me pedía que le dijera a su
mujer y a su hijo que los amaba y los cuidaría donde fuese, sus palabras eran débiles,
escupía sangre, le costaba respirar, cada vez estaban más cerca, eran
bastantes, callo otro hermano de armas mal herido, gran hermano de combate,
hermano mayor, entre en cólera, modo berseker, los que quedábamos en pie, nos
lanzamos al combate desatendiendo las ordenes de nuestro mando, siempre pensé que
ese momento seria borroso, me equivoque. Al grito de tres soldados entrenados,
salimos corriendo disparando, el sargento daba fuego de cobertura a nuestras
espaldas, apunta dispara, otro callo dos al pecho uno a la cabeza, mientras en
la carrera se disparaba se me acabo la munición, a menos de veinte metros de
nuestros enemigos no existía protección, ni dios, ni rezo posible, solamente
nosotros, su fanatismo menguo, se les veía, no podían, estábamos tan enfadados
que los cinco que quedaban en pie cayeron, otro compañero callo herido en la
pierna, eso no le detuvo siguió dándonos cobertura, en esos momentos tire mi
fusil de asalto y saque la pisto, empecé a disparar, estaba convencido que iba
a morir, un disparo hizo volar mi casco, nada importaba, solo pensaba en la
gente que amaba y que si iba a morir moriría luchando, salte por encima de la
roca donde se parapetaban, mi hermano más joven de armas hizo blanco al mismo
tiempo que yo a los tres que quedaban,
el otro callo por el herido en la pierna, y casi como de película cara a cara
me topé con el ultimo cuando caí al otro lado de la roca… sentí tanto miedo
cuando apretó el gatillo y… simplemente no tenía munición se abalanzó contra mí,
rodamos por el suelo, lleno de adrenalina ambos nos levantamos, mi pistola
estaba demasiado lejos, y el intentaba noquearme, con un golpe certero en la mandíbula
lo separe y gane esos segundos sagrados. Esta parte aún sigue borrosa, sé que
saque mi puñal, y finalmente acabo en su tripa hundido, no me acuerdo bien , sé
que me golpeo barias veces con los ojos inyectados en sangre, temía por su
vida, pero yo también, lo único que jamás no se me olvido fue verlo cara a
cara, notar el calor de un líquido viscoso que me empezó a empapar y recorrer
desde la mano al codo, las gotas caían desde mi codo al suelo, la arena bebía cada
gota derramada por mi mano… sus ojos negros me miraron sin odio, creo que
realmente agradeció morir luchando, creo que en el otro lado le esperaría su
creencia, el hacia su misión nada más, y yo la mía.
Cuando volvíamos
a nuestro transporte los gritos del sargento eran los más coléricos que oí en
mi vida, llevábamos a nuestro compañero que con el disparo en la pierna le avía
fracturado la tibia, fue un puto campeón, ni se quejó, siempre se lo
recordamos, desde aquella le llamaba acero, pero nuestro compañero herido en el
pecho estaba muy grave, no le quedaba casi aliento ninguno, nos acercamos y el
sargento callo, no se fijó en él, solo intentaba salvar la vida a sus tropas y perdió
dos hombres bajo un emboscada. Cuando estábamos los cuatro, el cabo el sargento
y los dos soldados a su alrededor nos dio las gracias, porque hasta que el
callo, mi compañero mi cabo y yo no nos lazamos como si fuera la última
batalla, para mí se desvanecía mi padrino en lo militar, el que me enseño realmente
casi todo, lo que sería un hermano de armas, un hermano de sangre y sudor,
llore, lo reconozco, por muy duro que sea un militar siempre se llora por esa
perdida, aun guardo sus gafas de estilo aviador, antes de salir al paseo rutinario
me dijo que me las quedara que siempre me afectaba mucho el sol, hasta hace
poco no pude ponérmelas.
Esta es una
historia más de la vida militar, un recuerdo más oculto bajo el acero y la pólvora,
como tantas que están ocultas, pero la diferencia es, que ver desvanecerse en
los ojos de alguien la vida es doloroso, aunque sea tu peor enemigo...
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